Madrid, mi poesía

Me encontré perdido detrás de una cortina de humo,

renaciendo entre las farolas de la capital de la poesía taciturna.

Somnoliento, más gusano que humano, a rastras entre callejones y rincones oscuros,

huyendo de las luces, de todo lo mundano.

La observo acariciarse el pelo y apagar su vida bajo ese gran telón al que llaman ‘sus pestañas’.

Tratan de despertarme, no quiero.

Su alarma suena repetidas veces y la rechazamos negándonos a la propia existencia.

Y allí morimos entre pastillas y dolores de cabeza, entre sus manos y las mías.

Evitando una despedida.

Allí en la niebla

No podría decir que estamos lejos, porque no llegamos a estar.

Pídele a una lombriz que te explique cómo es la luz del Sol, o a las estrellas a que saben los bosques.

<Silencio>

No estamos, ni estaremos, ni me verás, ni nos veremos.

Puedes buscarme en ellos. Tardarás mucho tiempo y aún así lo dudo. No nos veremos.

Yo soy el Todo, más no ves nada.

Ya no se de chicas guapas,
sí perder los papeles.

Sé cuando es porque puedes y cuando porque quieres.

No entiendo de obligaciones ni el mudaje de pieles.

Castigos cuando me nublo y se me olvida quien eres.

Dormir es como morir un rato, claro que con la seguridad de que vamos a resucitar.

Desde pequeño nos enseñan a mirar, pero pocas personas tienen la capacidad de observar esos detalles…

Las descargas eléctricas que lleva su mirada, los abrazos en los que se te cierran los ojos sin que te des cuenta…

 

A mi no me preguntéis que hacer cuando tengáis un mal día, o como solucionar los problemas en el mundo.

Quizá sólo debamos observarlo desde arriba y reírnos de todo, o intentar mantener este momento eternamente,

o yo que sé… Me la suda, ciertamente.

Yo, que bajé a lo más profundo del infierno por ti, que guardé el cielo en mi bolsillo

y no dejé ni una gota en el frasco de momentos juntos.

Yo soy quien vive de tus saludos y muere con tus besos de despedida.

Te quise en secreto y a los cuatro vientos, esperé tu llegada cuando en realidad te alejabas

y te agarré con mi aliento cuando te volviste a acercar.

Es una alegría que te gusten mis palabras.

Yo las creo, porque me acompañan, lo malo es que no les puedo poner correa 
como a un perro y a veces se escapan con cualquiera.

Si algún día te cruzas con alguna espero que la cuides y la mimes. 
Me habrán dejado un poco más solo pero al menos se irán con alguien que las quiere o las necesita tanto como yo.

Quiero pedirte, si eso pasa, que recuerdes que algún día yo las creé.
Cuídalas, pero nunca les pongas correa.

ese

Soy ese que se siente mal por no tener un trabajo,

el que a veces pierde los motivos y la energía, ese que se enfada

mirando a la nada porque ninguna obligación taladra su cabeza.

El que no tiene para caprichos y no mueve el culo, el que siempre

tiene papel pero nunca acaba fumando, al que le queda un euro y pico

y te invita a un café.

Soy ese que dibuja y escribe, que saca los cascos y canta y se olvida…

En realidad me hubiese gustado cruzarme conmigo.